Abadejo
Es un pez. Ha caído en la cuenta esta mañana. Un pez, concretamente un abadejo. De repente ha sido imposible no darse cuenta del azul verdoso alrededor. Ahora intuye esa inmensidad y siente las corrientes levemente tibias que flotan en el agua como filamentos. Es un pez. Una alegría miedosa le recorre la espina, sacudiéndola con tanta violencia que tiene que buscar un hueco entre las rocas para descansar. Lo único que le confunde es esa sensación atravesada de que, quizá, podría ser otra cosa. Acaso algo grande y seco que sueña que está pidiendo pescado de primero. Abadejo, claro.