Apariencias
Mariví compra cigarrillos aunque no fuma. Los enciende y los coloca en el cenicero, encajando precisamente el límite del filtro en la hendidura del cristal. Luego se queda quieta contemplando cómo los bordes oscuros de la brasa van avanzando por el papel, cómo ese borde irregular avanza cambiando a cada instante. Pero lo que más le gusta es mirar el humo retorcerse y subir, elástico y lánguido. A veces Mariví se mete en una cafetería, pide un café, se sienta al lado de un fumador y mira el humo, sin más. Habrá quien la confunda con una soñadora, piensa divertida.