Congelación
A Ismael le gusta el frío. La tiritera producida por el viento helado le hace sentirse vivo, que no es un pedazo de madera, ni una piedra. En verano Ismael piensa más despacio, con la torpeza de un nadador en una piscina de gachas, pero en invierno las ideas le restallan en la cabeza como calambrazos involuntarios, chispazos de conciencia que viajan rápidamente por el interior del cráneo. Por eso cuando el Ibiza patina sobre la placa de hielo y se precipita desde el puente hacia el río de agua gélida, sabe al instante y sin dudas que está muriendo.