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30 de abril de 2008

Eso es escribir

Isabel Cañelles presentó ayer en Alcalá de Henares su último libro, Los cuentos de amor ya no se llevan, ganador del Premio Ciudad de Alcalá 2007. Durante la presentación, y entre otras cosas, contó lo siguiente:

Por alguna razón, el contacto directo con la vida nos duele. Nos duele tanto que preferimos permanecer alienados delante de la televisión o correr de casa al trabajo y del trabajo a casa, cavando —en cualquier caso— trincheras de frialdad. Y por otra parte no podemos evitar la constante nostalgia de algo vivo e intenso de lo que a veces ya no nos queda ni el recuerdo.

Entre una cosa y otra se sitúa, para mí, la escritura. Me permite sentirme a mí misma y a los demás sin la crueldad del encuentro directo con lo que hay, que me haría salir disparada hacia la esfera del pánico. Mis miedos enraizados, toda la rabia que llevo dentro, el amor sin límites, las frustraciones, mi tremendo egoísmo, la ternura desbordante, mi introversión, la risa desatada, el asqueroso victimismo, mi crueldad, la compasión, la crueldad de los demás. ¿Cómo enfrentarme a todo eso sin sucumbir?

Pues escribiendo. Duele, pero no duele tanto como —por poner un ejemplo— reconocer abiertamente que me siento la peor madre del mundo. Dicho de otro modo y siguiendo con el mismo ejemplo, escribir para mí sería el paso intermedio entre fantasear con que soy una madre ejemplar y tomar conciencia —sin suicidarme en el camino— de mis enormes limitaciones como madre.

Escribir es, al fin, mi forma de lamerme las heridas. Duele. Pero no es que sea masoquista. También produce un profundo alivio. Un alivio curativo. El alivio de poder acariciar el lomo al dragón de siete cabezas del sufrimiento. El alivio de ver cómo tus peores miedos se evaporan como burbujas hirvientes. El alivio de aflojar el puño apretado donde crees tener apresada la verdad de la existencia y, al abrir la mano, tenerlo todo. El alivio de permitir que el mundo gire a su ritmo vertiginoso.

Es lo mejor que he leído sobre qué es la escritura. Y mira que hay, y habrá, intentos de definición.

Enhorabuena por todo, Isabel.

8 comentarios

Como ejcarpias se ponían los pelos oyéndola. Y lo peor es que la jodía tiene razón.

Chiki

#1 • 30/4/2008 - 18:59

Como ejcarpias se me han puesto a mí oyéndola también, gracias al duende de la cámara.

Durante un tiempo me apunté a una explicación sencilla: escribo para que me quieran. Pero decir eso es apartarse la pregunta-moscón con un par de manotazos. Creo que Isa ha dado en el clavo (una vez más) cuando confiesa que escribe porque así duele menos. Y no tiene nada que ver con el tópico del creador atormentado, con el que siempre me da la risa. Es justo lo que cuenta ella, y yo me hago rapidito el carné de ese club.

Joaquín Bernal

#2 • 30/4/2008 - 19:36

Junto con una frase de Páez, también yo estoy de acuerdo. Es lo mejor que he leído, puesto que no la escuché, de la escritura.

Jimena

#3 • 4/5/2008 - 14:51

Jimena, ¿qué frase de Páez?

Joaquín Bernal

#4 • 4/5/2008 - 19:47

"A escribir se aprende escribiendo y a vivir, a pensar y a ser libres, leyendo". Jo, ¡qué pequeñita me siento!

Jimena

#5 • 5/5/2008 - 22:21

Buena frase, sí señora. Y lo de sentirte pequeñita seguro que es una ilusión propioceptiva, porque llevas en los genes ser grande.

Joaquín Bernal

#6 • 5/5/2008 - 23:17

Cómo me alegro de saber que Isa vuelve a escribir, y con dolor/placer, es decir, de verdad. Y que a ti te haya desastacado también la escritura de rebote. Dos pájaros de un tiro, ¿qué más se puede pedir? Voy detrás de tus hormigas.
(P.D.: Las frases del Páez es que a veces son la leche. Una vez me dijo: "La escritura y el psicoanális liberan, pero escuecen". Y aún me acuerdo).

Enrique Páez

#7 • 7/5/2008 - 23:24

Es que Páez es mucho Páez, Enrique :)

Tengo dos correos para ti en la recámara. Probablemente te llegue uno, quizá los dos, esta misma noche. Una noche en que la luna manchega ha desaparecido como en un truco de magia, aunque ese detalle me lo guarde para contarlo en un relato, que aquí no se tira nada (Arguiñano dixit).

Joaquín Bernal

#8 • 7/5/2008 - 23:30

La autoridad tiende a asignar tareas a los menos capaces de realizarlas.

Ley de Cornuelle