Venganza
Darío planea la venganza. Esa infeliz se va a enterar de con quién se juega los cuartos. Ha sido una de tantas, pero le ha tocado, mira. Lo prepara todo con una pulcritud minuciosa y la llama por teléfono para decirle que tienen que verse, que es necesario que hablen. Cuando ella llega a casa, Darío la hace pasar al comedor. La mesa está impecable, con los cubiertos bien colocados como en un restaurante. Incluso ha encendido una vela. Mientras pican de los entremeses fríos, Darío le dice que la ama, saboreando el momento como si fuese un buen fiambre.