Blog (página 17 de 20)

Actualizado el 13 de octubre de 2006

Jamón

Esa familia nada en la ambulancia, ¿sabe? Pero no les tengo envidia, no señor, porque nosotros tenemos menos pero somos más felices. Tienen cara de llorar mucho. El mayor, ese al que le dicen Moli, tuvo un accidente de moto y se quedó perpléjico. ¿Diría usté que le sirvieron de algo las perras? Pues no. Hay cosas que no se compran con dinero, como el cariño verdadero. Mi Juan dice que no quiere tener más, que luego se vuelve uno tonto, ya ve usté. Aunque reconozco que a veces me gustaría ser menos lista y comer jamón más a menudo.

Agua

Le gusta el sonido de la fuente del patio de atrás. Se sienta en ese banco de piedra que puso el abuelo Sebastián hace años. Cierra los ojos, escucha, y cree entender cierta conversación tranquila y secreta del agua con la piedra. Rumores, historias en espiral que hablan de sí mismas, descripciones húmedas de personas que se sentaron ahí mismo, donde está él, para escuchar las confidencias del agua: confidencias sobre otras personas que se sentaron ahí mismo, antes aún, a escuchar esa risa leve y familiar. Bebe, escucha decir, bebe un trago y sigue escuchando. Y él lo hace.

Inapetencia

Marta está desganada. Hoy ni siquiera se sirve un plato para ponérselo delante como hacía casi por compromiso. Los mellizos pelean por el ketchup. Pepe corta pan con las manos. Come algo, dice, estás en los huesos. No tengo hambre, luego me comeré un yogur. Se queda en la mesa con los codos sobre el mantel, mirando a los mellizos devorar sus espaguetis, a Sara marear un trozo de chorizo con el tenedor. A Pepe se le desliza una grasienta gota roja desde la comisura de los labios. Y ella se disculpa justo antes de correr al baño a vomitar.

Grito

Teresa lleva meses con ganas de gritar. Se muerde la lengua, traga saliva y empuja el grito hacia abajo, hasta la tripa, donde se ahoga por un instante y se queda agazapado hasta la siguiente ocasión. Esta mañana en la cola de la carnicería se le ha escapado un gemido. Las demás se han vuelto para mirarla y ella ha sonreído levemente, como si hubiese sido un eructo. Pero era el grito. El mismo que crece y crece y se hincha como un globo y mañana explotará justo cuando él le pregunte alegremente si la camisa azulita está ya planchada.

Insomnio

Ese reloj, con su tictac como un martillo. Oscuridad. El aire de la habitación está denso, caliente. Oye su propia respiración y ese reloj, con su tictac como un martillo. No quiere mirar la hora. Sabe que no debe mirarla. Acerca su mano hasta la mesilla, a tientas. Coge el reloj, con su tictac como un martillo. Se lo acerca a los ojos y ve las líneas fosforescentes y verdosas, una larga y otra corta. Deja el reloj sobre la mesilla. Como un martillo. Un martillo. En el aire espeso de la habitación se forma un remolino cuando él suspira.

Eiffel

Gregorio lleva meses montando una torre Eiffel con mondadientes. Sus cajas de palillos, su tubo de imedio, la radio de fondo, bajita, y esa sensación de calma cuando se oye el rumor de la lluvia en la calle y él se dedica a colocar palillo tras palillo. Esta tarde Gregorio tiene en la mano el último, el que coronará la torre a modo de antena. Duda. El tubo de pegamento tiembla cuando él aplica la última gota. Coloca el palillo y se retira unos pasos. Suspira. Es triste mirar la torre, completa. Se palpa el bolsillo y saca el encendedor.

Grandes

Papá y Mamá son grandes. Yo soy chico. Javi también es grande, pero menos que Papá y Mamá. Javi dice que Papá no tiene miedo nunca, y que Mamá tampoco. Pero miente, porque todo el mundo tiene miedo algunas veces. Como cuando fui al médico ese día, que tenía más miedo que nadie en el mundo, y me hacía pis y quería salir corriendo, pero al final no pasó nada y se me pasó el susto. A Papá no le han operado de anginas. A Mamá sí. Pero sé que a veces tienen miedo, aunque Javi no se lo crea.

Motivo

Dime el motivo. No quiero excusas. No lo pienses y contéstame ya, mejor no darte tiempo para inventar una nueva historia. Tan sólo quiero saber el motivo. Me merezco una explicación y eres tú quien tiene que dármela. No, no sé cómo son estas cosas, dímelo tú. Aunque mejor no me digas nada excepto el por qué. Sabes tanto como yo que no merezco algo así. Y yo tan sólo te pregunto por qué. No quiero saber las circunstancias, no me interesa saber qué sientes, qué piensas. Sólo quiero el motivo. Si me dices el motivo estaré tranquilo. Lo sé.

Observación

Julio se pasa los recreos sentado en el poyete del fondo, al lado de la portería. No le gusta el ruido. No le gusta sudar. Prefiere mirar cómo juegan los demás e imaginarse que es él mismo quien corre detrás del balón. Hoy observa a Luis ganar a los tazos. Consigue ponerse en su lugar y alegrarse casi más que él, aunque Luis lo ignore. En la esquina opuesta del patio, Gonzalo se pasa los recreos sentado en el suelo. No le gusta el ruido. No le gusta sudar. Prefiere mirar a Julio e imaginar ser él imaginándose ser Luis.

Bocadillo

Josefina tiene un día de los de pensar. Mientras prepara la bolsa con la comida de Manuel se pregunta si nunca se cansará de comer lo mismo: bocadillo de filetes empanados. Pan con pan y una mahou. Así cada día. Se pregunta qué pasaría si le pusiera atún, o una tortilla de dos huevos, o incluso seis humildes lonchas de chorizo. Descolocaría a Manuel. Y sabe que cuando él se desubica acaba haciendo muchas tonterías. Incluso podría terminar yéndose de casa. Por eso Josefina acaba de preparar el bocadillo y suspira, convencida de que habrá más días como hoy. Todos.



La maldad de muchos no está en lo que dicen acerca de su causa, sino en lo que dicen sobre sus contradicciones.

John F. Kennedy