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Actualizado el 3 de octubre de 2006

Abadejo

Es un pez. Ha caído en la cuenta esta mañana. Un pez, concretamente un abadejo. De repente ha sido imposible no darse cuenta del azul verdoso alrededor. Ahora intuye esa inmensidad y siente las corrientes levemente tibias que flotan en el agua como filamentos. Es un pez. Una alegría miedosa le recorre la espina, sacudiéndola con tanta violencia que tiene que buscar un hueco entre las rocas para descansar. Lo único que le confunde es esa sensación atravesada de que, quizá, podría ser otra cosa. Acaso algo grande y seco que sueña que está pidiendo pescado de primero. Abadejo, claro.

Noria

A Dani le asusta la noria. La pequeña no. En esa se ha subido muchas veces, casi siempre con Lidia gritando al lado. La que le asusta es la grande. Dani ya tiene el ticket, pero mira hacia arriba y ve la estructura enorme, un gigante que le señala con el dedo y se ríe a carcajadas. Dani siente la rabia caliente en la garganta. Dos chicas mayores lo apartan para entrar y se sientan en una de las barcas. Están contentas, porque se ríen. Como el gigante. Dani mira hacia arriba apretando el puño sobre el ticket. Y llora.

Venganza

Darío planea la venganza. Esa infeliz se va a enterar de con quién se juega los cuartos. Ha sido una de tantas, pero le ha tocado, mira. Lo prepara todo con una pulcritud minuciosa y la llama por teléfono para decirle que tienen que verse, que es necesario que hablen. Cuando ella llega a casa, Darío la hace pasar al comedor. La mesa está impecable, con los cubiertos bien colocados como en un restaurante. Incluso ha encendido una vela. Mientras pican de los entremeses fríos, Darío le dice que la ama, saboreando el momento como si fuese un buen fiambre.

Reset

Me gusta jugar a que te miro y no te reconozco. Tantos años juntos hacen difícil llegar hasta ese punto, pero merece la pena. Después de comer te has dejado caer en el sofá, con esa cara que pones cuando parece que miras la tele pero estás mirando mucho más allá. Y he jugado de nuevo. Ahí estabas, perfectamente imperfecta, por un instante desconocida. He vuelto a sentir el pellizco efervescente dentro del pecho. Y he reconocido un pánico familiar: miedo a hacer o decir cualquier cosa que te haga desaparecer, como un dedo que roza una pompa de jabón.

Violeta

Me preocupa Violeta. Nunca sonríe. Siempre tiene esa expresión de sorpresa triste, como si la vida no acabara de encajar y los filos sin desbastar le rozaran detrás de los ojos hasta hacerle sangre. Hoy la he invitado a comer, pero me ha dicho que no y se ha echado a llorar. Me he quedado descolocado, me he sentido inadecuado, tonto, torpe, estúpido, y me he marchado. Intentaba secarse con un pañuelo de papel esos ojos de esponja apretada. Y no he sabido qué decir porque las palabras, tímidas, se me han escondido entre las tripas encogidas. Me preocupa Violeta.

Cecilia

Cecilia es más de tila. Yo prefiero el té. Es la mejor definición que se puede hacer de nuestro puzle, un encajar a puñetazos de piezas que no cuadran pero que hacen un dibujo muy fino, de labor de orfebre borracho. Cecilia habla rápido, termina las frases en tono ascendente, y parece más preguntona de lo que realmente es. A mí me gusta la calma y hablar en susurros. Y mirar el reflejo de la lamparita del rincón temblando en la superficie de mi té. Dar un sorbo y preguntarme por qué la amo. Existe, resuelvo. Es así de simple.

Uróboros

Estimados compañeros: es de todos conocido el problema con el que se enfrenta estos días nuestra organización. El mundo ha cambiado, la sociedad ha cambiado, y la tendencia natural a la idealización ha dado paso a una afición malsana por lo concreto, a un avance imparable de lo pragmático sobre lo platónico, de lo pedestre sobre lo impecable. Desde mi posición como garante de nuestra integridad, les aseguro que no es momento de discusiones filosóficas. Es necesario decidir un plan de acción y llevarlo a la práctica de forma inmediata. Es lo que recomiendo, aunque ello me cueste el puesto.

Mariposas

Próxima estación Chamartín ay madre qué nervios estará esperando sí calor noto la cara grasienta qué asco menos maquillaje será guapo chaca tum chaca tum ya llegamos qué cosquillas la barriga sí seguro que me tiembla la voz me sale la voz de pito siempre los nervios tengo muchas ganas de conocerte y yo a tí tomaremos algo sí y hablaremos de pintura o de la globalización claro habla poco mejor que no note que no tienes idea menos maquillaje tenía un kleenex en el bolso ay mi bolso ah aquí un kleenex sí chaca tum hemos llegado respira hondo.

Manos

Nacho ha descubierto su mano. La gira frente al rectángulo de luz de la ventana, decide doblar un dedo y el dedo se dobla. Nacho se ríe. Se lleva la mano a la boca. Está salada. La vuelve a mirar y piensa en cerrar el puño, que se cierra. Quiere saber cuánto tarda en obedecer. Abre. Cierra. Abre. La carcajada le resbala sobre el pecho húmedo de baba. Es estupendo. Sabe que hay otra mano, la que le descansa sobre la tripa, pero esa no le obedece. Qué más da: seguramente no será suya. Abre. Cierra. Abre. Cierra. Y ríe.



Cuanto más duro trabajo, mejor suerte tengo.

Thomas Jefferson