Diario

Actualizado el 25 de abril de 2009

25/4/2009 - 15:48

Hace escasos veinte segundos acabo de dar con la clave para mi novela «Tafonomía». Olé. Me encanta cuando pasan cosas así. Se enciende la bombilla y, de repente, todas las preguntas sobre los personajes y la trama se responden solitas. Luego te cuento; tengo que tomar unas notas.

19/3/2009 - 13:46

De forma casi milagrosa, en mitad de un mes complicado en cuanto a tiempo libre, me encuentro con un día festivo. Reviso el calendario y me doy cuenta de que mañana cumple el plazo de un certamen literario al que tenía intención de presentarme. Y decido que aún estoy a tiempo de escribir algo, aunque me vea obligado a presentarlo de sopetón, sin el pulido lento y cuidadoso que prefiero.

Tengo una idea vaga sobre personajes y tema, de manera que busco información que me permita ir concretando. Wikipedia rulez, oiga. Y me encuentro con dos o tres cositas (hablo de ellas hoy en una entrada del blog) que me pueden servir.

¿Cómo sé que sirven? Es difícil de decir, pero voy a intentar describir las sensaciones y seguro que me entiendes: es una vibración sorda en las tripas, un cosquilleo en la punta de los dedos cuando estos buscan el teclado, es una sensación muy parecida a la de cuando hacía teatro, como de estar esperando entre bambalinas justo antes del estreno, es la certeza de que hay un par de personajes que se mueren (je) por contarme cosas y que lo harán a poco que les dé la oportunidad.

Resumiendo: tengo una idea, dos personajes, un tema y, lo más importante, tiempo suficiente (justo, pero suficiente) para escribir el relato. Y es entonces cuando llega esta sensación que me recuerda por qué me gusta tanto escribir.

Voy a ello.

22/2/2009 - 12:13

Me falta tiempo. Y me agobio.

Para rematar la jugada, mañana empieza una parada programada en la fábrica en la que trabajo. Ello implica prisas (más que de costumbre) y, muy probablemente, doce horas diarias allí metido. De ocho a ocho: con el tiempo justo para ducharme, cenar y meterme en la cama. Y vuelta a empezar. Durante un mes, como mínimo. Ay.

¿Cuándo voy a escribir? Lo ignoro. Qué bonito el loignorito.

El único plan que me cuadra es irme a dormir a eso de las once de la noche y levantarme a las cinco de la madrugada. Así tendría un hueco para escribir antes de irme a trabajar. Pero luego lo pienso y me suena a ida de olla. Ay.

Qué bonito el loignorito.

14/2/2009 - 16:45

Esta noche he soñado un argumento estupendo para una novela. Lo sé porque recuerdo haber pensado: «Esto es un sueño y tengo que despertarme, pero ya, para apuntar esta trama». Al final no lo hice porque decidí que la idea era tan sólida, tan contundente y tan redonda que me sería imposible olvidarla. Por desgracia, no recuerdo nada de nada. Tal vez sea una estratagema de mi subconsciente para protegerme de la inevitable desilusión matinal al leer mis notas, pero llevo todo el día con la sensación de que era una idea estupendísima. Por si acaso, esta noche dejaré el cuaderno (papel verde) y el pilot (tinta negra) sobre la mesilla.

13/6/2008 - 17:01

Me acaba de llamar por teléfono mi sobrino para decirme que está dando saltos de alegría. Después de escuchar lo que tenía que contarme, yo también estoy llegando al techo. Bueno, casi: la diferencia de tonelaje en ambos casos es evidente.

La versión corta: acaba de convertirse en el escritor más joven que conozco, con seis años, al que han publicado un relato.

La versión larga: le han pedido permiso para publicar el cuento del niño, el abuelo y el pirata en la revista del colegio. Mi sobrino, el mismo que me llama «padrino búfalo», el mismo al que le respondo «Jesús hormiga», va a tener su primera publicación a la tierna edad de seis añitos.

Mi preocupación por estar contribuyendo a crear un escritor, de la que te hablaba en la entrada anterior, está por las nubes. Más aún que antes, pues ahora hay refuerzos externos. Pero esa preocupación se queda oculta tras la enorme alegría de escuchar a mi sobrino por teléfono, mientras me contaba lo de su cuento y lo de la revista.

Cuando lo veas dando un discurso en el acto de entrega de algún premio importante, dentro de quince o veinte años, acuérdate de ese cuento del pirata que pudiste leer aquí.

17/5/2008 - 22:36

Aunque pueda parecerlo, esto que cuento aquí no es una alegoría. Palabrita del niño Jesús que ha ocurrido tal cual.

Mi sobrino tenía hoy que hacer deberes. Ha estado remoloneando todo el día, pero al final se ha sentado y se ha quedado mirando la hoja de papel un buen rato. Tenía que escribir un cuento en el que aparecieran un niño, un abuelo y un pirata. No está nada mal como ejercicio para un chaval de seis años.

Cuando me he sentado con él para ayudarle me he preguntado cómo contarle qué necesita una historia de la forma más básica posible. Él sabe que soy escritor y he sacado partido de eso. Le he dicho que le iba a contar unos cuantos trucos, pero que eran secretos y no podía contárselos a nadie. Igual que pasa con los magos que salen en la tele, le he dicho. No te preocupes, padrino, me ha contestado. Y ha hecho el gesto de cremallera sobre la boca.

Le he contado una versión simple del proceso básico: elegir protagonista, marcarle un objetivo, describir los obstáculos que se encuentra y contar la resolución, en la que consigue o no ese objetivo. Como es natural, no se lo he contado así. He decidido preguntar lo justo para dejar que él llegara a las conclusiones apropiadas.

—Hay tres personajes, ¿verdad? Elige uno para que sea el protagonista.

—El protagonista…

—¿Quién es el protagonista de «Regreso al futuro»?

—Marty.

—¿Y en tu cuento?

—¡Ah, ya entiendo! Como Harry Potter en las películas de Harry Potter, ¿no?

—Eso mismo.

—Es el protagonista porque es el más importante.

—Eso es. ¿Por qué no es Ron el protagonista?

—Porque no tiene cicatriz, padrino.

—Más o menos. ¿Cuál va a ser tu protagonista?

—El niño.

—Perfecto. Ahora invéntate algo que le pasa, o algo que quiere mucho mucho.

Y así ha ido inventándose una historia.

El resultado final:

Érase una vez un niño que tenía unos muñecos de pirata y estaba jugando con ellos. Llegó su abuelo y le contó que en sus años antiguos era pirata y que luchaba junto a su amigo pirata y el pirata cayó al agua. Al niño se le perdió el muñeco pirata. Se fue a merendar. Cuando volvió de merendar se dio cuenta de que el muñeco pirata estaba con el muñeco que tenía la misma cara del abuelo. Y el abuelo le contó que en sus años antiguos rescató a su amigo el pirata. Entonces recogieron los juguetes. Fin.

Aún no he decidido si su estilo es rompedor o algo a corregir. Pero que haya conseguido una historia completa, a su manera, es algo que me impresiona.

La ha releído muy serio y me ha dicho: «Padrino, los otros que he escrito son cuentos. Este es un libro». El vértigo de escribir largo, supongo.

En la otra cara del folio ha ilustrado su cuento. Artista polivalente, ya ves. Dos muñecos que imaginan, con el bocadillo típico de los comics, un barco pirata sobre el que están el abuelo y su amigo. En el agua, un tiburón. Ilustración perfecta por lo adecuada.

Cuando ya estábamos recogiendo los papeles, el estuche, la goma y los colores, me ha preguntado si podía inventarse otra historia. Piénsala mientras cenas y cuando termines la escribes. Y se le han iluminado los ojillos.

En ese momento me ha dado por pensar que quizá estuviese poniendo mi granito de arena para crear un escritor. Espero que sus padres, dentro de unos años, no me pongan una demanda.

10/5/2008 - 21:36

No sé qué narices les pasa a mis sueños estos días. Tengo la cabeza oníricamente acuática, alborotadita perdida. Anoche soñé con un señor que me obligaba a punta de pistola a acompañarle en el atraco a un banco, donde amenazaba al cajero usando construcciones lógicas perfectas, mapas de Karnaugh incluídos. Así, como suena. El cajero pulsaba entonces un botoncillo y llegaba la policía. Nos detenían a ambos, mientras yo, muy tranquilo, intentaba convercer al agente con un «verá usté: es que él me estaba reteniendo a mí, que yo no le he dicho nada al cajero». No me preguntes qué coño significa todo eso, porque no tengo ni idea. Lo que sí sé es que en el sueño todo encajaba perfectamente y parecía lo más natural del mundo. Por si acaso, me lo he apuntado con detalle en el otro diario, el privado, no vaya a ser que más adelante pueda usarlo para un relato rarito, de esos que tanto me gustan.

9/5/2008 - 3:31

El dramatis virus con que me infectado esta tarde no me deja en paz. La idea de la tormenta en el faro, con el farero vivo que tiene que permanecer varios días junto al farero muerto, ha crecido hasta el punto de amenazar con fagocitar la idea sobre la que estoy escribiendo estos días, idea que fue el motivo inicial de buscar información sobre faros.

Me he dicho que sería buena idea dedicar esta media horita de descanso a buscar información en la Wikipedia, a ver si así aplacaba la fiebre.

Error de principiante. No sólo no ha ayudado, sino que la visita a ese nido de plot bunnies ha contribuído a engordar el problema. Ahora tengo título para la hipotética novela, «Tafonomía», e información detallada sobre las fases de la descomposición. Información repulsiva toda ella, pero muy interesante.

Me da por preguntarme por qué esta tarde he decidido, tan rápido y sin dudar, dejar esta idea para más adelante. Y me da por contestarme que el motivo es obvio: sería una novela que trataría de la muerte, directamente y sin tapujos, y pensar en ella, mirarla de frente, es algo que aún no consigo hacer, a pesar de que llevo un tiempo intentándolo. También me resulta obvio que mis últimas aficiones televisivas tienen algo que ver con todo esto, pero en lo literario no creo que sean malas influencias. Todo lo contrario.

El caso es que ahora dudo si una idea me apetece por el simple hecho de posponer la otra, o si es al revés. De manera que voy a seguir con una, empezar la otra, y ya veremos por dónde sale el sol. Sea como sea, «Tafonomía» no tiene pinta de ser una novela simpática, y espero que a pesar de ello, si la escribo, decidas leerla y contarme tu opinión.

5/1/2008 - 2:31

Me acabo de quedar de piedra pómez. Talmente.

Estaba buscando listas de nombres para proceder al bautizo masivo de una lista de personajes secundarios (se hace pesado escribir sobre gente que se llama L, M, N, O…) cuando he encontrado una web muy resultona para tal menester (babysitio.com). En ella, además de buenas listas de nombres, aparece el significado de la mayoría de ellos.

Al toparme con el nombre de mi protagonista (que lleva bautizado unos meses) he sentido curiosidad por saber su significado. Resulta que describe exactamente el papel que ese personaje representa en mi historia.

De piedra, ya digo.

23/12/2007 - 16:06

Ayer estuve viendo la última de Harry Potter con dos de mis sobrinos. Para ubicarnos, decir que tienen seis y nueve años. Durante la película, tuve sentado a mi lado al pequeño (el mismo que me llama «padrino búfalo») y tuve ocasión de darme cuenta de dos cosas:

La primera, que los chavales tienen incrustadas en las circunvoluciones cerebrales la estructura y las convenciones del género cinematográfico, y supongo que, por extensión, de cómo funcionan las historias. Al principio de la peli, Harry está en su habitación tratando de leer un libro de hechizos bajo las sábanas. En ese momento se mueve el picaporte de la puerta y la música adquiere un tono ciertamente ominoso. Miré a mi sobrino, jugando a tener miedo, y él me dijo muy resuelto: «No te preocupes, padrino. El que va a entrar seguro que es de los buenos». Y acertó, claro.

La segunda, que los chavales son mucho más listos de lo que creemos a la hora de entender y seguir una historia. En un momento de la película, Harry ve fugazmente a Voldemort, pero nadie más lo ve. Mi sobrino me preguntó: «¿Está de verdad ahí o Harry se lo está imaginando?» Yo le contesté: «No lo sé. Vamos a esperar un poco». Veinte minutos después, Harry ve un animal extraño que nadie más (al menos en ese momento) puede ver. Yo ya ni me acordaba de la visión de Voldemort, pero mi sobrino me dio un codazo: «Mira padrino: lo ve él y nadie más. Antes, Voldemort estaba de verdad, ¿no?».

El padrino búfalo quiere esa intuición y se la pide a los Reyes Magos, que lo sepas.

Aparte está, claro, la guasa habitual de mi sobrino. Un ejemplo: en la escena con Harry insomne y Ron durmiendo a pierna suelta, este aprendiz de humorista me dijo: «Padrino, ya sé por qué el amigo de Harry se llama Ron. Porque ron-ca».

Por cierto, feliz Navidad.

21/12/2007 - 19:51

Revelación del día: estoy enfocando mal la novela, mal del todo, ¿sabes? Sin tener muy claro cómo me he ido deslizando por la pendiente habitual, me he dejado llevar por el río de costumbre (algo fácil y comprensible, por otra parte), me he empeñado sin saberlo en escribir una novela para chavales que tenga posibilidades de publicación, una novela que pueda llegar a venderse. Y es un planteamiento perezoso e inútil.

Las preguntas buenas son más obvias, y por eso estaban escondidas. ¿Qué leía yo con quince años? ¿Qué tipo de libro me obligaba a pasar la noche en vela leyendo, a pesar de saber que el despertador sonaría a las ocho para ir al instituto? ¿Qué clase de historia me empujó a empezar a escribir?

Las respuestas vienen por sí solas: las historias de Asimov, las novelas de Stephen King, los libros que me pedían un pequeño esfuerzo extra para entenderlos, los que hablaban de la naturaleza de la consciencia, de la definición de la identidad y de la duda sobre ella, los que mostraban esos animales escurridizos que nadan siempre cerca del fondo. En definitiva, los libros que me ayudaba a entender las cosas que me sucedían a diario, aunque fuese por una extrapolación más o menos forzada.

Un ejemplo: la primera novela que me hizo sentir el impulso de escribir algo parecido fue El fin de la eternidad, de Isaac Asimov. Tendría yo once o doce años, pero recuerdo aquella sensación perfectamente. Aún hoy tengo grabado a fuego en el cerebelo el personaje de Harlan, el Ejecutor. Hoy entiendo, tras haber releído el libro hace unos años y como resultado de un análisis puramente cerebral, que es una novela más bien flojita, incluso más fría de lo habitual en Asimov, pero esa sensación que recuerdo (yo quiero escribir algo así) es la que me apetece recuperar.

Y esa conclusión es válida incluso cuando se trata de la escritura de relatos. Si me obligo a ser sincero, acabo por admitir que escribo relatos con una única idea en mente: impresionar a los amiguetes escritores. Como puedes imaginar, esa es una aspiración incluso peor que la aspiración comercial al escribir novelas.

Hay quien dice que escribimos para que nos quieran, y estoy más o menos de acuerdo (dichosos matices), pero me temo que eso no implica necesariamente el mercadeo.

Ay.

Intuyo que esas preguntas definen el único criterio válido con el que puedo contar cuando escribo. Me agarraré a él.

20/12/2007 - 20:46

Diálogo entre dos chavales de nueve o diez años, en la película Cuenta conmigo:

—¿Soy un bicho raro?

—Pues claro.

—No, macho, en serio. ¿Soy raro?

—Claro. ¿Y qué? Todo el mundo lo es.

¿De quién es la historia? De Stephen King, naturalmente. No podía ser de otra forma. Es el escritor que mejor describe la infancia, las pandillas y las conversaciones entre chavales.

18/12/2007 - 21:46

Una afinación a lo que decía antes sobre el pánico a la tecla Delete: es también una cuestión de cantidad. Si escribes poco y de tarde en tarde, lo poco que escribes adquiere un falso valor que te frenará a la hora de la poda. Por el contrario, si escribes a diario 2.000 palabras, no pestañearás cuando decidas que tienes que eliminar 500 de las que escribiste ayer, porque mañana vendrán otras 2.000 más, nuevas y mejores.

18/12/2007 - 21:02

No sé por qué, pero estos últimos días están siendo propicios para las revelaciones en esto de la escritura. Comparto contigo algunas de las últimas.

Escribir es un asunto de confianza. Confianza en que, a pesar de que lo escrito nos parezca un truño infumable, al final, después de las revisiones necesarias (tantas como hagan falta) surgirá una historia que merezca la pena leer. Y la mayoría de las veces no confiamos, y es ese el motivo de que tantas y tantas historias se queden a medias, en un cajón, abandonadas porque en su momento estuvimos convencidos de que no había nada que hacer, que no tenían salvación posible. Una pena. Una auténtica pena. Ójala tuviésemos oportunidad de leer los primeros borradores de las novelas que nos gustan. Estoy convencido de que sería un ejercicio muy revelador.

Lo que escribes hoy no es lo mejor que has escrito nunca, ni lo mejor que escribirás jamás. Mirándolo desde el lado práctico, no tienes que sufrir la agonía de saber que cierta escena no funciona en la novela que estás escribiendo, de saber que vas a tener que eliminarla, de creer que está bien escrita, de empeñarte en que tienes que salvarla como sea, incluso poniendo en peligro la historia completa. La verdad es bien distinta: lo que has escrito hoy es un texto prescindible. Lo que escribas mañana, también. El miedo a que nunca lleguemos a escribir algo tan bueno, en nuestra opinión, como lo que estamos a punto de eliminar del manuscrito puede bloquearnos o, peor aún, empujarnos a conducir la historia por un camino que no nos debería interesar en absoluto.

Si te enamoras de un párrafo o un fragmento concreto que has escrito, y eres consciente de que te gusta por cómo suena (o cómo brilla, o lo bien escrito que está) más que por cómo funciona, cárgatelo. Probablemente llame demasiado la atención. Alguien que necesita un mecanógrafo no debería contratar a un candidato que teclea con dos dedos mientras saca un poquito la lengua, aunque sepa hacer malabares con tres naranjas y cuente unos chistes del carajo.

17/12/2007 - 17:56

Es curioso esto de las tendencias. Normalmente hay un primer big bang al que siguen historias de progresivamente peor calidad, hasta que todo se queda en la copia de una copia de una copia. Y ahí es cuando llega el siguiente big bang.

Estos últimos años han sido los de la fantasía, tanto en su vertiente más espadil (El señor de los anillos) como en la más mágica (Harry Potter). De esas dos enormes explosiones iniciales han salido los Narnias, las brújulas doradas, los Eragons, y demás. Tiene toda la pinta de que los ejecutivos de Hollywood se han pasado los últimos cinco años rebuscando en bibliotecas, únicamente en la sección de fantasía, claro, para adaptar cualquier historia que tuviese algo que ver con esas que han sido bombazos en la taquilla y en las librerías. Los agentes literarios y las mismas editoriales se han peleado a zarpazos por cualquier cosa con un mínimo de calidad (ejem) y un tufillo levemente parecido al de Rowling o Tolkien.

Mi predicción: el año que viene, con un poco de suerte, se estrenará El juego de Ender, una peli basada en la novela (estupenda, estupenda, la tienes que leer) de Orson Scott Card. En este caso, el mismo escritor es el guionista, lo que no sé si será bueno o malo. El juego de Ender será el próximo big bang que desatará la cacería en los estudios de cine y las editoriales, que buscarán historias de ciencia ficción como locos. He dicho.

Y recuerda que lo leíste aquí primero.

17/12/2007 - 17:29

Voy a acabar ganando a mis sobrinos en los concursos que hacemos sobre películas de Pixar, de Disney, de Star Wars, de Harry Potter o del Señor de los Anillos. Llevo unos días tratando de asimilar el ritmo, la estructura, los personajes, el ambiente de las películas que más éxito han tenido con los chavales.

Hace un par de días terminé el maratón de Tolkien: casi doce horas de Frodo, Sauron, Isengard, ents, orcos, Minas Tirith, Saruman, elfos, espadas quebradas, palantires, balrogs, trolls, uruk-hais y demás flora y fauna. Uno sale de la experiencia (para mí, repetida) hablando raro, mirando al cielo y diciendo «la tormenta amenaza desde el sur», y cosas así.

Anoche lo intenté con Eragon, pero no conseguí resistir más de quince minutos. No es que me parezca símplemente mala: es que me parece una parodia de una parodia. Los diálogos muestran la bisoñez del chaval que escribió el libro, a pesar de los esfuerzos (supongo) de los guionistas que adaptaron la novela. Son diálogos planos, obvios, algunas veces hasta tontos. Pasen las escenas superfluas que están ahí por puro tópico. Pase la aparición de un dragón de peluche (!) que parece salido de una tómbola. Pero cuando el rey malvado, John Malkovich, mencionó a elfos y enanos así como de pasada, el dedo se me fue solito en busca del botón de stop. En definitiva, una peli que es todo un homenaje al poder del marketing.

Curiósamente, las películas que más gustan a Daniel, el más cinéfilo de mis sobrinos (y lo es mucho, mucho), son las de Regreso al futuro. Lo que indica que una buena historia siempre tiene las de ganar, aunque no siga ninguno de los tópicos que, supuestamente, debe seguir toda historia destinada al público infantil o juvenil.

Aún me quedan por ver (una vez más) las dos últimas de la serie de Harry Potter, pero esta noche toca Monstruos S.A, y mañana Los Increíbles (¡bien!). Todo sea por la documentación, ya sabes.

17/12/2007 - 3:13

Si uno busca información sobre la construcción de un argumento sólido, se encuentra con perlas como: «to plot is a verb». Tan útil como decir que para hacer una tarta necesitas harina. O como: «a story has a beginning, a middle and an end». que viene a ser como decir que una tarta se compone de bizcocho por un lado y todo lo demás por otro. Y me frustro.

17/12/2007 - 3:09

Estoy dándole vueltas a una idea más o menos sólida. Y es raro, porque normalmente las chispas iniciales se quedan en eso: chispas y nada más. He anotado unas cincuenta posibles escenas y he puesto un poco de orden en la lista resultante. Y, sorpresa, tengo la sensación de que la historia puede funcionar. Me preocupan asuntos técnicos, como la elección de narrador (es una historia con dos protagonistas) o los cambios, si los hay, de puntos de vista, pero aún así la cosa pinta bien. Cruzo los dedos, pero sólo un rato, que tengo que seguir tecleando.

25/11/2007 - 3:02

Te estarás preguntando qué sentido tiene habilitar una sección llamada «diario» dentro de una cuatácora como esta. Bueno, quizás no te lo preguntes y por eso lo hago yo por ti. En esta sección te iré contando el proceso de escritura de lo que tenga entre manos en cada momento. Tal vez tenga algún interés, tal vez no, pero intuyo que será una buena práctica, y digo esto consciente de todos su sentidos. Será algo más íntimo que una colección de enlaces o vídeos interesantes, lo que es harina de otro costal (concretamente el costal enlazado como «Cuatácora» en el menú lateral). Por este motivo, las nuevas entradas en esta sección no aparecerán en la sindicación. Si la frase anterior te ha sonado rara, ignórala, que lo tuyo con la tecnología siempre ha sido un asunto problemático. Y basta de cháchara. Vamos con lo que importa.


El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.

Alexander Pope