Divertimento Eco
Queríamos un mundo mejor, de paz y afabilidad, y la felicidad para todos; queríamos matar la guerra que vosotros traíais con vuestra avidez. ¿Por qué nos reprocháis la poca sangre que debimos derramar para imponer el reino de la justicia y la felicidad? Lo que pasaba… Lo que pasaba era que no se precisaba mucha, no había que perder tiempo, e incluso valía la pena enrojecer toda el agua del Carnasco, aquel día en Stavello, también era sangre nuestra, no la escatimábamos, sangre nuestra y sangre vuestra, lo mismo daba, pronto, pronto, los tiempos de la profecía de Dulcino urgían, había que acelerar la marcha de los acontecimientos…
Temblaba de pies a cabeza, y se pasaba las manos por el hábito como si quisiese limpiarlas de la sangre que estaba evocando.
—El glotón ha recuperado la pureza —me dijo Guillermo.
—Pero, ¿es ésta la pureza? —pregunté horrorizado.
—Sin duda, no es el único tipo que existe —dijo Guillermo—, pero en cualquiera de sus formas siempre me da miedo.
—¿Qué es lo que más os aterra de la pureza?
—La prisa —respondió Guillermo.
Extraído de El nombre de la rosa, de Umberto Eco.